Cositasville

Cositasville reloaded

2024 Unwrapped o llevar un girasol por dentro

Este es el año en que descubro quien soy.

Este es el año en que comprendo por fin por qué nunca he entendido el mundo.

Querida tú, aquí estoy para ayudarte a ti también a comprenderlo.

Este ha sido el año de las cosas nuevas, del reciclaje de toda tu historia vital para reconstruir el hoy con los ladrillos bien pulidos de la tiña del pasado.

Este es el año de la llegada y la partida de intensidades nunca antes sentidas, de pájaros que te acarician con la punta del ala, suave, y luego te picotean en esa zona en medio del pecho tan profunda que no alcanzan tus dedos a arrancarlos.

Estaban antes, pero habías castrado toda opción a percibirlos. Los temías como a la locura. Ahora los notas ir y venir y aprendes a aceptarlos.

Este es el año de retirarse a descansar mucho, más, todo lo necesario, y sentir que eso es lo que tienes que hacer sin que te convierta en una inútil o una vaga.

Este es el año de describirte a ti misma como diferente pero en dentro de un mismo espectro que otros. Peculiar sin que eso sea un insulto. Rara con entusiasmo y alegría. Excéntrica porque estás mejor a los lados, observando… percibiendo las notas del viento afinadas en sí♭ y alojadas en el tornasol de las alas de las urracas, llenándote de una alegría que nadie más que tú disfruta.

Ha sido el año de recoger siembras, de plantar esquejes con restos de flores moribundas y de crear híbridos de emociones que a ti te sirven aunque a los demás no. O de verlas brotar, morir y dejar atrás bonitas macetas vacías.

De tirar toda la ropa que te ofende la piel. De guiarte por el tacto al comprar otra nueva.

De conseguir unos tapones y disfrutar del silencio exterior en medio del caos rítmico de tu mente.

De volver a confiar en tu instinto. Que nunca fue malo, solo estaba amordazado por lo que intentaban convencerte de que no era real.

De desconfiar de tu sensación de ser odiada por el universo entero. El universo es muy grande, no todo te odia. No todo el rato.

De perdonarte por no haberte creído.

De empezar a reclamar lo que necesitas. De apartarte con el menor dolor posible cuando a cambio de tu interés o de tu confianza te premian con mofa y desdén por tus emociones. Sea quien sea. Más lástima sientes tú por quien se cierra a entender aquello que se aleja de su cuadratura mental.

De apreciar las pepitas de oro que aún con todo, has encontrado. O más bien, que te han encontrado a ti en medio de tu confusión y que increíblemente te demuestran que te aprecian y te respetan, cada día. (No tengo que decir tu nombre, love).

El camino es largo y complejo. La inercia es una fuerza poderosa que quiere retenerte en situaciones, relaciones y emociones que no te compensan, te cuadran o realmente deberían de importarte en lo más mínimo.

Pico y pala, lo andaremos. Como siempre. Determinación y pensamiento libre contra esa pegajosa inercia.

Y no, no es que tú te hayas perdido trenes. Es que las estaciones que te indicaban a tu alrededor no estaban ni siquiera en tu planeta. No hay cosa peor que intentar moverte en Plutón con un mapa del metro de Marte. Imposible acertar…

Y para ti el mundo siempre ha estado loco, y por eso tú no entiendes ni la mitad de lo que otras personas consideran importante.

La religión, las clases sociales, las fronteras, los celos, el orgullo patrio, el apego absurdo a tradiciones caducas, hacer las cosas porque ese día dice el calendario que tocan, discriminar a nadie por quienes son o deciden ser, adorar a alguien porque su rostro salga en los medios, las modas…

Tener que maquillarse o depilarse por obligación solo por ser hembra. Que te digan que no permitir a tu cuerpo sea como es representa signos de dejadez o es antihigiénico. ¿Pruebas científicas de todo eso? ¿Y de que solo afecta al sexo femenino?

Que tener tetas y vagina te clasifique en cuadrículas determinadas, como la de presa o molestia innecesaria y te haga propensa a los incidentes desagradables. Y más si encima vas despistada y a ratos pareces boba…

Y para más inri, vas tú y dices cosas súper serias que la gente considera chistes, y luego intentas hacer chistes de verdad y alguien va y se ofende.

Y tú, tú necesitas hacer bailar las manos, contar árboles en alto, canturrear, rascar las uñas contra la pared, teclear el air piano. O si no, al final, revientas. Y ahora por fin lo haces. Y te miran raro.

Pero nada de todo eso importa. Porque, por fin, tú sí que sabes quién eres. Y te cuelgas un girasol al cuello y sonríes, ahora sí, de verdad.

Ya no más ensayar todas las frases del papel que creías que te tocaba para soltarlas en público en sacudidas sonrientes, como toallas que intentases extender contra el viento para poder sentarte en la misma playa que el resto. Aunque a ti te picase más la arena y no osases demostrarlo.

Este es el año en que he aprendido lo que es el TEA, sí, el trastorno del espectro autista, y después de mucha resistencia y dudas, por fin lo abrazo. A ese girasol que marca la discapacidad invisible y para algunos, increíble.

Y así, te abrazo, querida tú, me abrazo a mí misma. Todos esos años de tormento silencioso, el terror de tal vez no estar del todo en tus cabales, de estar siempre intentando que no te pillen, han terminado.

Los demás podéis pensar lo que queráis. It is the end of your world as you knew me.

And I feel fine.

Sed felices.

 

El girasol es un símbolo utilizado internacionalmente para señalar las discapacidades “ocultas”, que no podemos apreciar a simple vista.

 

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