Es una tragedia
lo del “hombre
de tu vida”,
si tu hombre, ay,
siempre tan romántico,
os consume,
os devora
a ti,
a tu vida
hasta no quedar
de ti,
ni de tu vida
nada.
No aceptes bombones
de promesas que ya expiraron,
el lazo los adorna en rojo sangre,
y el azúcar, como sabes,
también mata.
Mentiras, todo mentiras.
Medias naranjas te convierten en la mitad de ti,
te hacen ser solo tú a medias
te hacen ácida y pungente,
con una corteza áspera,
amarga.
Dividida e incompleta.
El tren que tuviste que coger
para que él no se escapara
es de los antiguos:
cuelga carbonilla en tus pestañas,
huele a meados rancios,
a vómito,
a tapicería vieja.
Cupido no es ningún ángel.
Es solo un triste disfraz
que se pone un sádico
hiriente, que os atormenta,
sin más afán que reír,
con sus flechas
rompiéndoos las entrañas
para que os sangre hasta el alma
Sueños de noches de verano,
de amores y juegos,
de una pantalla
que parece de plata
y en verdad es mercurio venenoso,
cuyos vapores
os condujeron
a esta bacanal de errores,
a este arroz,
que no se pasó, pero crudo,
se te atraganta.
Las canciones de amor
mienten, las
canciones
de amor
matan.