Tengo que escribirte
dentro de un poema
para que aprendas lo que duele
ser tan sólo palabras
sin piel, sin la protección
ni el calor
de la carne que las viste.
Encerrarte entre versos
para que sepas
lo insoportable del picor que dan las letras
entre las sábanas blancas,
como migas de pan seco y restos de liendres
que te arañan por los cuatro costados.
Graparte contra el papel
pinchando tu lengua con alfiler de rimas.
Atarte a puntadas: que no puedas
descoserte aunque lo intentes.
Tengo que devolverte
todo lo que tú has hecho por que no exista
para que al final entiendas
como es de verdad el no ser nada.