Que me reserven un sótano en el infierno:
prefiero arder en esa minúscula hoguera imaginaria
a no dejarme caer en las llamas frente a mis ojos.
Pecar de poco es pecar de nada.
Me abrasaré ahora, pensaré más tarde.
¿Quién podría (no) juzgarme?
Me retuerzo en el baile prohibido,
por dentro, y si no lo saco ahí fuera
se secarán los ríos de lava que me recorren,
todo será ruina y ceniza.
El tiempo es breve, una respiración,
un lapsus entre dos no existires.
entre dos seres que no son,
que no están en sus cabales.
Quien tire la primera piedra
pondrá la base del muro
donde se sienten a arrullarse las palomas.