Cositasville

Cositasville reloaded

Charlas con el diablo III

—Habrá que ir de compras —me dijo Armando—, no podemos andar así por la vida.

—Vale. ¿Venenos, lanzallamas, clavos para pinchar ruedas…? ¿Guantes? Los guantes son útiles casi para cualquier cosa…

—Descontando que yo no tengo huellas dactilares ni ADN, y que si te pillan a ti ese sería tu puto problema, ¿te crees que vamos a un campamento de verano a con los otros niñitos del cole? ¡Venenos… Lo que hay que oír! —Armando puso cara de ofendido. No es la primera vez, tendré que andarme con más cuidado. Para ser el demonio tiene la piel muy finita—. No, me refería a intentar librarnos de esas pintas que llevas.

Me tocó a mi ofenderme.

—¿Qué insinuas? —dije, mirándome a mí y luego a él—. Que esta chupa mola mogollón, pero mogollón.

—Ay, si te escuchases a tí mismo… Mister Década de los Ochenta, las chupas como esa están pasadísimas, aparte de que eres demasiado viejo y feo como para “molar”. Pero no me refería a eso. Nos vamos a comprarte una apariencia.

Eso no sirvió para que dejara de sentirme ofendido. Pero luego caí en la cuenta de que Armando no es solo Armando, sino que también es mi reciente jefe y el diablo. Tendré que acostumbrarme a sus malos modales. Aunque sí me quedé con la última palabra, que me pareció rarita.

—¿Apariencia? ¿Es que me vas a llevar a algún estilista o qué?

—Te voy a llevar a un sitio mucho más interesante. Ya lo verás.

El diablo chasqueó los dedos y ambos desaparecimos del bar, nuestra oficina extraoficial, y reaparecimos delante de unas puertas cargaditas de carteles fotocopiados y pixelados con ofertas como las del super del barrio. Pero en vez de anunciar “Sepia a 18,89 €/kg”o “Endibias, pack de 3 por 2,50 €”, estos decían otras cosas algo más inusuales.

Mujer tísica victoriana, vintage, 50% descuento.

Calvo con gafas. Raza y e identidad de género a elegir

Tio bueno cachas, modelo europeo, dos por uno.

Mi primera impresión fue que me habían traído a algo así como a un mercado de esclavos. Pero luego razoné que el esclavo probablemente fuese yo y empecé a sospechar que se trataba de otra cosa.

—¡Vamos, idiota. Que es para hoy! —Me animó a entrar Armando, con un puñetazo bien poco contenido en la espalda.

Cuando el diablo te empuja a algo, no te lo piensas dos veces. Sobre todo cuando te estampa contra las puertas. Así que me fui para adentro, con las manos por delante, intentando no hacer una entrada triunfal con los morros aplastados contra el suelo de tan interesante establecimiento.

Image designed by www.freepik.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Produced by:

IsaP

Ver mi perfil

Direcciones

Sentidos

A veces me pierdo en...

Lo último

Compartir