Cositasville

Cositasville reloaded

Las Periferias y el centro

En mi calle del centro, desde hace semanas, hay un grupo de gente, casi siempre decreciente en número, que se acerca a montar jaleo. Cada día, a las 8 de la tarde.

Uno siempre lleva un megáfono. Hay varias con pitos. Y casi todos ondean banderas de España.

Está bien llevar banderas. De lo que sea en lo que creas: la del arcoíris, una regional, la de tu país… Si es lo que te va, adelante. Reivindica tu nacionalidad. No es molestia ninguna. Yo llevo el pelo al natural y a veces canturreo mientras camino. Espero que no te moleste.

Viva la democracia, por cierto. Pero, ¿sabrá esta gente de mi acera lo que es eso? Para ellos, darle libertad a SU opinión a toda costa. Gritar insultos sobre la madre de la gente, a todo volumen, en una calle en la que habitan niños pequeños, ancianos y gente sensible en general. Después de varias semanas así, los perros ya no aúllan al oír sus pitos, se han acostumbrado. Los críos han mejorado su manejo de cierto vocabulario. Las abuelas de los bloques circundantes suben el volumen del concurso de forma automática, sin mirar ya siquiera por la ventana.

Pero a los de la acera eso se la trae al pairo. Cosa demostrable, porque siguen viniendo. Menos mal que son solo un puñado. Y es que están cuatro. Cuatro, no, el otro día, contándolos eran exactamente cinco. Cinco energúmenos (y energúmenas) a los que no les importa molestar a la gente, en aras de su supuesta libertad de reunión, manifestación, expresión. Aquí están, cada día, en mi acera. Que no es la suya. Mientras los peques de su calle miran tranquilitos los dibujos o leen el Quijote adaptado en paz (seguro que sus críos viven la cultura mainstream a full), los nuestros, aquí en el centro nos preguntan por qué esa gente de los pitos se mete con la madre de quien sea.

Hola: no tenéis ningún efecto positivo en nada ni en nadie. Solo sois una molestia y la mayoría de la gente que os ve se echa a reír allí mismo. Podéis iros a casa, que estas últimas noches ya son frías. De nada.

Mientras tanto, a unos cientos de metros de aquí, algunos otros, sobre el papel abanderados igual que los protestones de mi acera y alineados con sus ideas, deciden sobre la libertad de expresión de otros. Que no es la suya. Y que por lo tanto, solo afecta a esgarramantas y gente bohemia y pijoculturetas en general. Y se cargan un festival bien asentado y que da prestigio a su ciudad porque ellos no hacen uso de él. Y porque lo nuevo, lo diferente, lo vanguardista, asusta.

Han venido a mi calle, que en este caso es la periferia de su barrio, a insultar cosas que escapan a sus capacidades de comprensión…

Aparte de a ellos, yo no he oído a nadie pitar en mi acera pidiendo que Periferias se retire por resultar ofensivo o un gasto público absurdo. He visto a gente organizando, convocando, difundiendo, asistiendo a las actividades, interesada por tener ocasión de examinar lo diferente, de pensar, de aprender cosas sobre otros seres humanos distintos a ellos, de expandir sus mentes. Salas llenas, en una ciudad donde hay tanta actividad cultural que cada día puedes estar perdiéndote al menos otros dos eventos. Y con tanta oferta disponible y libertad de elección hay público que elige, o elegía, las actividades del festival…

Tal vez también ellos sean cuatro. Con pitos y megafonía para hacer más ruido.

Tal vez haya prevista alguna protesta organizada contra esta cancelación pero yo, que soy una despistada, me he quedado aquí, quejándome desde mi propia acera, desde el centro en el que vivo, sin invadir activamente la vida de nadie al que le importe un comino escuchar lo que digo. Que tampoco sé si tendrá efecto en absolutamente nada ni nadie, pero que desahoga, me permite solidarizarme y decir exactamente lo que quiero decir sin malear a los hijos de nadie ni insultar a sus madres.

Y si me preguntaran a mí qué hay que cancelar en esta ciudad, por inútil, absurdo y costoso, definitivamente, iría a por la feria taurina. Lo de torturar animales alegremente me parece algo entre salvaje y sádico, con tintes de medieval.

Supongo que eso me convierte en periférica y carne de festival alternativo. Qué le vamos a hacer.

Tú tampoco tienes por qué leerme.

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