Escribo aunque no me leas,
aunque nadie me lea.
Escribo porque me escribo a mí,
para mí misma,
sin más.
Que tú me leas o no,
que opines lo que te parezca,
es solo cosa tuya.
Cuando necesito alimentarme
caliento mi sopa de versos,
rápido, en el microondas,
a ver si así me quito el frío.
A veces, regalo mis palabras a otros,
hambrientos también o ateridos,
o, seamos claros,
que vienen por compromiso.
A ti no, nunca a ti,
No a ti que nunca me lees,
que opinas lo que te parece,
sin leerme
sin probarme.