Hubiera preferido ser Scheherezade
enroscando historias en historias,
manteniendo despiertos a los incautos visitantes
que se aventurasen en mi nocturna guarida.
Solitarios,
arrastrados por la tempestad o el trueno,
hallando refugio, inesperado,
en la promesa de vino y cálidas palabras.
Enredados
en mis palabras, se quedarían
horas sin fin
hasta que el alba interviniese, y mis palabras
se fundieran en tibio vapor de rocío.
Pero soy tan solo otra, una de tantas,
sirena nocturna
cantando al vacío, hablándole a la cera
indestructible y opaca
que os defiende de mi peligroso canto.
Ayer, estaba triste.
Hoy, simplemente furiosa.
Quisiera ser Scheherezade, para ataros fuerte
a mí, no estar otra vez en la noche
sola,
acunando al agua durmiente
que se retuerce a en sus pesadillas
como una loca,
fría y resbaladiza.